Siempre nos quedará Gijón

«Siempre nos quedará Gijón». Lo sé. Acudir a los tópicos no está bien visto en literatura, pero no me he podido aguantar. Rick Blaine resumió con claridad que lo importante, lo compartido con alegría y generosidad nunca se podrá borrar, aunque haya distancias. Así, los días que hemos vivido en Gijón con motivo de la presentación del libro RRetos HHumanos permanecerán eternamente en nuestros corazones, como la película Casablanca, como París, porque hay recuerdos que no se guardan en la mente, sino en el corazón. Está claro que después de la presentación de RRetos HHumanos en Gijón seguirán existiendo historias no concluidas, palabras pendientes de ser pronunciadas, deseos difíciles de cumplirse, aspiraciones inalcanzables…, pero siempre, en la noche, entre la niebla, en la maraña de la vuelta a lo cotidiano, siempre quedará París, perdón, Gijón.

No me gustaría hacer este viaje de película sin nombrar a las personas que lo han hecho posible: editorial Kolima, que fue la primera en tender los puentes; Covi Sánchez y Jose Ángel Jarne, presidenta y vicepresidente de la Asociación de Escritores Noveles, que hacen un trabajo extraordinario por la difusión de la literatura en Asturias y en España y que han sido un soporte clave en nuestro paso por Gijón; AEDIPE Asturias, en concreto Beatriz Blázquez, su directora de comunicación, que ha colaborado cariñosamente en la difusión y organización del evento; y por último ALSA, donde José Manuel Suárez nos ha abierto todas las puertas y su presidente, Jacabo Cosmen, nos emocionó con sus palabras de bienvenida y el emotivo recuerdo para nuestro amigo Juan Antonio Esteban, que hubiera disfrutado infinitamente de este libro y al que la vida en una de esas bofetadas inexplicables se lo ha negado.

El motor indiscutible de esta presentación ha sido uno de los autores, Julio Rodríguez Díaz, asturiano de nacimiento, director de la Red de Mentoring de España, que ha sabido coordinar el trabajo de todos estos agentes con la maestría de un gran director de orquesta. Él ha sido el compositor de una banda sonora inolvidable sin la que esta historia de cine en la que la ficción se hace realidad no hubiera sido posible.

Escribió el periodista Miguel Rojo, al que agradecemos su participación en la difusión del acto, (el Comercio, 3 de febrero 2022) que el reclutamiento de directivos y exdirectivos relacionados con los Recursos Humanos le recordó la película Ocean’s eleven. Será que en este artículo todo nos lleva al cine. Lo cierto es que en la fotografía se ve caminar a cuatro de los autores con decisión, ya puestos a hablar de cine, como si se tratase de la mítica escena de Duelo en Ok Corral, pero esta vez en el puerto de Gijón. Su intención no era batirse en duelo, sino acercar un universo tan farragoso como es el mundo de la empresa y de los recursos humanos al gran público a través de la literatura y de las experiencias de los autores que se embarcaron en el proyecto.

Foto del periódicoDuelo en Ok Corral

La cita era el viernes 4 de febrero, y como para todo gran duelo, se requería un gran escenario. Después de recoger a otros cuatro autores en la estación de ALSA nos dirigimos a la Antigua Escuela de Comercio de Gijón. Tras una entrada espectacular, vestidos todos igual, con pantalón vaquero y camisa blanca, somos un equipo, y tras las palabras de Jacobo Cosmen, empezó el fuego cruzado. Beatriz preguntó a Juanjo si en un mundo futurista plagado de máquinas seremos más felices y más eficaces. Juanjo a Manolo que qué podemos aprender de la generación que tiene ochenta años o más; Manolo a Rosa que qué hay de autobiográfico en su relato, en el que cuenta como una mujer supera un cáncer de mama, y cómo se debe gestionar un problema así en las empresas. Entonces intervino Covi Sánchez, una pacificadora que tuvo el valor de dirigir el acto, para invitar a Alicia Cereceda a que hiciese una lectura de un fragmento de uno de los relatos.

Cierra los ojos y déjate llevar, pareció decir, y entonces las palabras de Alicia nos transportaron a la verdadera dimensión de la literatura: “Sus ideales se apagaron con su salud. Quiso cambiar el mundo y solo encontró la paz en la soledad de aquel prado, sin la ilusión de cuando era joven, sin las ganas de entonces. Mi abuelo lio otro cigarro, lo encendió y se recostó sobre la piedra. Empezó a dar pequeños golpecitos con su bastón de avellano en la roca. Era su señal para decirme que él ya había hablado bastante y que me tocaba a mí”.

Después de oír este fragmento de Julio Rodríguez, Rosa le tuvo que preguntar que por qué había elegido Asturias como escenario de su relato, y él superó su emoción y después de hablar con el corazón en la mano y los ojos encharcados le preguntó a Luis que cómo se consigue la tensión y cómo se desborda la pasión en un relato de empresa, y este le dijo a Astrid que quiénes son las personas invisibles y ella, con una voz dulce y una sonrisa eterna, sabiendo que sus tres hijas la miraban sin saber muy bien qué hacía mamá subida allí arriba, le preguntó a Enrique que cómo es posible que el protagonista de su relato sostenga que 2020 ha sido su mejor año después de lo que hemos pasado, y Enrique, tras explayarse y darle un buen tiento al micrófono, preguntó a Beatriz, que estaba agazapada, calladita, como si la cosa no fuese con ella, que si las fórmulas de los recursos humanos se pueden aplicar a la vida personal.

Pero no estábamos solos. Estábamos con el público, gente a la que habían interesado nuestras historias y que nos preguntaron, aquel duelo no era solo para nosotros, y que quisieron saber más y más cosas. Y también estaban nuestros compañeros coautores ausentes: Lorenzo Rivarés, Tomás Otero, Aurora Herráiz… y Juan Antonio Esteban. Las últimas palabras fueron para Juan Antonio, porque era su día, era su fiesta, era su gente, su empresa, sus amigos y era el libro que se había escrito gracias a su empuje. Y no podíamos cerrar de mejor manera la presentación que con una lectura de un párrafo de su relato con la voz de Alicia, que se te metía en los huesos calándote como si fuese el frío húmedo de las montañas de Asturias, que te emocionaba hasta romper la compostura y que te hacía pensar que siempre, pase lo que pase, detrás de la noche y de la niebla cuando estas lleguen, siempre, nos quedará Gijón.

Mario, no me conformo con tus recuerdos. Quiero seguir mandándote wasaps con canciones, esas que tú decías que elegía tan bien porque sus letras te explicaban mi estado de ánimo. Quiero seguir recibiendo los tuyos, esos mensajes con los que coqueteabas y que me hacían sentirme deseada.

Quiero seguir intercambiando contigo besos de chocolate y champán. Quiero seguir oyendo cómo me dices que te encanta mi sonrisa, despeinada y sudorosa, porque me convierten en la chica que hace años te enamoró como a un niño”.

Presentación

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